Años después, contemplando filmaciones de pruebas atómicas en el desierto, observando con regocijado espanto el modo en que ese viento fosforescente arrasaba pueblos falsos poblados por maniquíes siempre sonrientes, me dije que yo ya había experimentado algo parecido pero no recordaba dónde ni cuándo.
Y días atras, en el centro de El Incidente
Todo menos su nombre.
O tal vez no sea que lo haya olvidado o que no pueda recordarlo.
Tal vez, lo que ocurre es que no quiero pensarlo y mucho menos decirlo por temor a que todo vuelva a desaparecer, a que su luz vuelva a apagarse y yo regrese a la oscuridad en la que he estado viviendo, sobreviviendo, por demasiado tiempo.
Rodrigo Fresán, El fondo del cielo
No hay comentarios:
Publicar un comentario