tumultuosa sea, y varia y penetrante,
sin que un dolor ignoto, no pensado, me espante.
¡Lucharé, si es preciso, contra la misma suerte!
¡Que nunca me abandone la voluntad, y fuerte
ascenderé a lo alto con un gesto arrogante,
llevando un pensamiento que el ánimo levante
si desfallece un día al peso de la Muerte!
Todo antes que prosiga con esta opaca vida
de mediocres placeres y mediocres dolores.
¡Si hay que sufrir, se sufre; si hay que olvidar, se olvida!
¡Qué importan las heridas del dolor más enorme
si se alcanzan al cabo los supremos dulzores
de una vida completa, intensa y multiforme!...
Fernando Fortún (1890-1914)
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