acodados a las barras de los bares
con sus vasos de vino, imperturbables.
Pensá en los esquimales
y sus muchas palabras para nombrar al hielo
que es bueno, que es malo;
que sirve y no sirve para construir.
Pensá en los que se sacan fotos
con el agua hasta las rodillas,
alzando entre sus brazos
un pescado plateado e inmenso.
Pensá en ese chico
esperando en la penumbra
que la madre venga a ponerle
el almidonado guardapolvo.
Fabián Casas
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