que eres pesada. A estas alturas de la vida
ya te conozco algo, especie de Antoñita
la Fantástica, y es estúpido que sigas
intentando enredarme
que si los viejos robles, el olor de Galicia,
las vacas, los abuelos, las campanas...
ya sé que todas tus historias son mentira,
que nada sucedió como tú me lo pintas.
Déjame en paz, memoria; no me cuentes mi vida.
Miguel d'Ors
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