es también su verdugo, y lo veneran,
así te empeñas en amar la vida.
Con esa obstinación de algunos perros
que sufren los humores de un borracho
mientras lamen su mano, así la adoras.
Con la misma paciencia de esos perros
que aguardan en la tumba de sus amos
no se sabe qué cosa, demostrando
un tesón tan hermoso como estéril.
Con esa obstinación, hermosa y fiel,
de algunos perros. Pero también a veces,
y quizá demasiadas
con su expresión tan triste y tan idiota.
Vicente Gallego
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