Un rincón de la Casa de las Palabras

Un rincón de la Casa de las Palabras





24 jun 2013

Soneto XXIII

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

Garcilaso de la Vega

8 jun 2013

El sufrimiento ajeno...

El sufrimiento ajeno le inspiraba demasiado respeto para intentar consolarlo: Bernardo Stocker no se atrevía a ponerse del lado de la víctima y sustraerla al dominio del dolor. Por un poco más se hubiera conducido como esos indígenas de ciertas tribus africanas que cuando alguno de entre ellos cae accidentalmente al agua golpean al infeliz con los remos y alejan la chalupa, impidiendo que se salve. La corriente y los reptiles reconocen la cólera divina: ¿es posible luchar con las potencias invisibles? Su compañero ya está condenado: ¿prestarle ayuda no significa colocarse, con respecto a ellas, en un temerario pie de igualdad? Así, llevado por sus escrúpulos, Bernardo Stocker aprendió a desconfiar de los impulsos generosos. Más tarde había conseguido reprimirlos. Compadecemos al prójimo, pensaba, en la medida en que somos capaces de auxiliarlo. Su dolor nos halaga con la conciencia de nuestro poder, por un instante nos equipara a los dioses. Pero el dolor verdadero no admite consuelo. Como este dolor nos humilla, optamos por ignorarlo. Rechazamos el estímulo que originaría en nosotros un proceso análogo, aunque en sentido inverso, y el orgullo, que antes alineaba nuestras facultades del lado del corazón y nos inducía fácilmente a la ternura, ahora se vuelve hacia la inteligencia para buscar argumentos con que sofocar los arranques del corazón. Nos cerramos a la única tristeza que al herir nuestro amor propio lograría realmente entristecernos.

José Bianco, Sombras suele vestir

28 may 2013

Estadística

De todas las maneras que el amor
es capaz de inventar para matarse,
son las más compasivas las que muchos
consideran más crueles: la traición,
la mentira, cualquier suicidio rápido
que certifique el fin con mucha sangre
y permita lavarla con el llanto.
Pero el amor es cruel consigo mismo,
o es acaso muy torpe, porque suele
elegir una muerte sin nobleza
que se da con un arma lenta y triste:
ese gas repulsivo y venenoso
que acaba generando los bostezos.
Vicente Gallego

1 may 2013

Los numeritos y la gente

¿Dónde se cobra el ingreso per Cápita? A más de un muerto de hambre le gustaría saberlo.

En nuestras tierras, los numeritos tienen mejor suerte que las personas. ¿A cuántos les va bien cuando a la economía va bien? ¿A cuántos desarrolla el desarrollo?

En Cuba, la revolución triunfó en el año más próspero de la historia económica de la isla.

En América Central, las estadísticas sonreían y reían mientras más jodida y desesperada estaba la gente. En las décadas del 50, del 60 y del 70, años tormentosos, tiempos turbulentos, América Central lucía los índices de crecimiento económico más altos del mundo y el mayor desarrollo regional de la historia humana.

En Colombia, los ríos de sangre se cruzan con los ríos de oro. Esplendores de la economía, años de plata fácil: en plena euroria, el país produce cocaína, café y crímentes en cantidades locas.

Eduardo Galeano

17 abr 2013

(Organización desorganizada)

         Pues si usted me da la clave de esa organización desorganizada y libre    dijo la Condesa irónicamente   , le declararé la primera inteligencia del mundo.
         No soy la primera inteligencia del mundo; pero Dios quiere que en esta ocasión pueda yo manifestar verdades que avasallen y cautiven su gran entendimiento, permitiéndole realizar los fines que se propone. No ha comprendido usted el concepto de libertad que me permití expresarle. Harto sabemos que toda libertad trae aparejada una esclavitud. Ahora es usted esclava de la sociedad. Emancipándose de ésta, cambiará la forma de su libertad y también la de su cadena...
         Señor Nazarín    dijo Halma, levantándose por segunda vez, o usted se burla de mí, o...
         Déjeme seguir. Tenga paciencia. Hágame el favor de sentarse y de oírme lo que aún me resta por decirle. Después, usted sigue mi consejo o lo desecha, según su albedrío. ¿En qué estaba usted pensando al constituir en Pedralba un organismo semejante a los organismos sociales que vemos por ahí desvencijados, máquinas gastadas y viejas que no funcionan bien? ¿A qué conduce eso de que su ínsula sea no la tal ínsula de usted, sino una provincia de la ínsula total? Desde el momento en que la señora se pone de acuerdo con las autoridades civil y eclesiástica para la admisión de estos o los otros desvalidos, da derecho a las autoridades para que intervengan, vigilen y pretendan gobernar aquí como en todas partes. En cuanto usted se mueva, viene la Iglesia y dice: "¡Alto!", y viene el intruso Estado y dice: "¡Alto!". Una y otro quieren inspeccionar. La tutela le quitará a usted toda iniciativa. ¡Cuánto más sencillo y más práctico, señora de mi alma, es que no funde cosa alguna, que prescinda de toda constitución y reglamentos!

Benito Pérez Galdós, Halma

27 mar 2013

Variaciones sobre un 10% de descuento

                    II
Si Vd. no hace regalos le asesinarán
vea las películas de Losey y convénzase
o regala o muere
y no recurra a la pitillera de oro
o a la mortaja de organdí
oh no,
tampoco recurra a los incómodos plazos
regale o muera
le pagarán con sonrisas y aplazarán su muerte
los relojes del drugstore alargarán su vida
podrá Vd. regalar
el vientre de Johnson o el vuelo de supermán
collares rescatados de naufragios
muñecos ambiguos como la moralidad
calcetines de Lolita y bolsos de reencuentro
todos dirán que Vd. ha pactado
ha pactado con el diablo de las caravanas

las caravanas vienen a beber al drugstore
y los noctámbulos han raptado a la cover-girl
Vd. comprará en el drugstore
donde es posible helar planetas y silencio
nunca se interrumpe pese al estrépito
del largo pasillo por donde circula Aladino
compre, regale, sobreviva
y además le harán un 10% de descuento.


                    III
No dé la cara al peligro
huya antes de que llegue
escápese
no caiga en el túnel del tiempo
no mendigue sonrisas de su mejor enemigo
escápese
escápese y compre
no compre en incómodos plazos
compre objetos que sonrían
un cartel, una muñeca, un reloj
un bolso, un pañuelo
un collar, un libro, un disco
un vestido, unos calcetines
                                                   y no pregunte
el nombre de todos los productos
ni su número
                         es infinito
y ambiguo como su procedencia

no pregunte por su procedencia
es un secreto de mundos prohibidos
James Bond no permite revelarlo
y Vd. está en peligro
huya antes de que sea demasiado tarde
tampoco se fíe de su peor amigo
escápese y compre en el drugstore

le haremos, por éstas, un 10% de descuento.

Manuel Vázquez Montalbán

9 mar 2013

Morirse un poco

Me preguntó qué significaba para mí escribir, y yo tomé un trago de cerveza y luego me metí el cigarro a la boca y aspiré profundo y, soltando todo el humo con mis palabras, le contesté que escribir es morirse un poco.

   Eso, más o menos.

Desde su banquito de madera, mi amiga seguía tomando fotos de las personas que entraban y salían del cementerio público, de los coloridos nichos, del señor que vendía tiras de mango verde y del señor que vendía naranja agria con sal y pepitoria y del señor que vendía lápidas.

   Ya    dijo ella sin ningún interés.

No recuerdo el nombre de la cantina. Tal vez no tenía nombre. El aire apestaba a perro mojado.

   ¿Otra cerveza?

   Como quieras    susurró ella detrás de su largo lente.

Poniéndome de pie, machaqué mi cigarro en un cenicero plateado. Entré al local. Me acerqué a la barra y, algo recio, debido al barullo futbolístico que hacía una pequeña televisión, le pedí a un muchacho dos cervezas más. Volví a salir y de inmediato me sorprendió descubrir a mi amiga hablando con un anciano de pelo blanco y piel tan pálida que parecía rosada. Llevaba puesto un traje negro, empolvado, varias tallas muy grande.

   Este señor quiere que le tome una foto    me dijo mi amiga.

Saludé al anciano. Pero él, aún de pie y con los brazos cruzados, me ignoró. Sólo observaba a mi amiga.

   ¿Qué dice, jovencita, me toma usted una foto?

   Con mucho gusto.

   Es que nunca me han tomado una foto, fíjese.

   Claro.

   Y entonces quiero que usted me tome una. Si es tan amable.

Salió el muchacho y nos dejó las botellas sobre la mesa de plástico.

   Pues yo encantada    le dijo mi amiga al anciano, ya enfocándolo a través de su lente   . Y si usted quiere, me anota su dirección en un papelito y al rato le puedo mandar una copia.

   Ay eso no    dijo muy serio.

Mi amiga bajó la cámara.

   ¿Cómo así? ¿No quiere que le mande la foto?

   No, jovencita    musitó, sacudiendo la cabeza.

   ¿Está seguro?

El anciano seguía sacudiendo la cabeza.

   No quiero ni verla    dijo con énfasis.

   Y entonces ¿para qué quiere que le tome una foto?

Hubo un silencio y yo aproveché ese silencio para beber un sorbo helado de cerveza y encender otro cigarro.

   Pues usted, jovencita, hoy sólo me toma una foto y luego la cuelga en alguna pared de su casa.

El anciano estaba rascándose el pelo blanco con sus uñas largas y filudas.

   Así después    dijo desolado, su mirada opaca hacia el cielo   , la gente sabrá que yo existí.

Eduardo Halfon