Un rincón de la Casa de las Palabras

Un rincón de la Casa de las Palabras





21 feb 2014

Ars poética

¿Que eres reacia al Amor, pues su manía
de eternidad te ahuyenta, y su insistente
voz como un chirriante ruiseñor
te exaspera y quieres solamente
besar lo pasajero en la cambiante
eternidad de lo fugaz?     entonces
¡soy tu hombre! Pues más hospitalario
que el mío un corazón no halló jamás
para posarse el falso amor. Igual
que llegué, parto: solo, y cuando mudo
de cielo mudo también de corazón.

Pero, atiende: no vas a hacer traición
a tu alma infiel. No intentes, si una chispa
del hijo del hombre ves en mis ojos,
descifrarla, ni trates de inquirir mucho
en mi acento y el fondo de mi risa.

Donde quiero destierro y silencio
no traspases la linde. Allí el buitre
blanco del Juicio anida y sólo el
ceño de la vida privada ¡canta!
Carlos Martínez Rivas

13 feb 2014

Palabras a un habitante de Marte

¿Será verdad que existes sobre el rojo planeta,
que, como yo, posees finas manos prehensiles,
boca para la risa, corazón de poeta,
y un alma administrada por los nervios sutiles?

Pero en tu mundo, acaso, ¿se yerguen las ciudades
como sepulcros tristes? ¿Las asoló la espada?
¿Ya todo ha sido dicho? ¿Con tu planeta añades
a la Vasta Armonía otra copa vaciada?

Si eres como un terrestre, ¿qué podría importarme
que tu señal de vida bajara a visitarme?
Busco una estirpe nueva a través de la altura.

Cuerpos hermosos, dueños del secreto celeste
de la dicha lograda. Mas si el tuyo no es éste,
si todo se repite, ¡calla, triste criatura!
Alfonsina Storni

24 ene 2014

Lobo


Hablar de lo que importa es difícil. Cuando uno está solo se piensa demasiado tiempo en la tristeza, o cosas así. Cuando la mujer de Freddy se fue, cada uno tomó del negocio las cosas que necesitaba. Yo me quedé con una caña de pescar y un buen cuchillo. Inventé un sistema para cazar liebres con un cajón y la caña de pescar. Así no había que estar atento todo el tiempo para tirar la cuerda. Cuando la liebre entraba y se ponía debajo del cajón, la caña caía sola y la liebre estaba perdida.

Tristeza. Ésa es una gran palabra. Aunque si uno la pronuncia muchas veces ya no significa nada. Eso lo aprendí cuando mi padre nos dejó. Mi hermano y yo no pudimos hacer nada. Fue la última vez que fuimos a la ciudad con él. Dijo que teníamos que arreglarnos solos de ahí para adelante, porque iba a pasar mucho tiempo antes que volviéramos a vernos. Y así fue. Mi hermano no esperó. Se fue al poco tiempo. Ese día lloré como una chica, pero me tranquilicé pensando en cualquier cosa. Como ahora. Que ya estaba grande para lloriqueos, me dijo mi hermano, cuando lo dejé en la entrada del pueblo. No dijo si iba a volver por mí, y no me atreví a preguntarle nada. Estábamos los dos enojados. Y además yo lloraba, como ya dije.

Ahora, a veces, cuando es de noche y se escuchan los lobos, y no ves ni la punta de tu nariz, me trepo al techo y trato de distinguir la carretera. Puedo contar los vehículos que pasan. Por las luces puedo adivinar si es un auto o algo más grande. Imagino que un bus toma el camino hacia el pueblo y escucho el ruido que hacen las piedras bajo las enormes ruedas y las liebres saltando asustadas, encandilándose con la luz de los faroles. Y el bus se detiene frente a la iglesia y ya están todos de vuelta de una buena vez. La posada de fiesta, con los mineros borrachos y las mujeres alegres y los chicos recogiendo monedas debajo de las mesas. Y mucho más tarde mi padre volviendo a casa, tratando de no hacer ruido para no despertarnos a mi hermano y a mí, botando sin querer algo que siempre nos despierta.

No está bien que las cosas ocurran así, creo. A alguien debería importarle que un chico salga a caminar de noche por ahí, con los lobos rondando. Es lo que pienso. Se me ocurrió una de esas noches en que no podía dejar de pensar en mi padre. Mi hermano casi había dejado de interesarme. Todavía estaba enojado y el caso fue que, sabiendo lo de los lobos, salí. Pasó un rato largo hasta que los sentí acercarse. Como ya he dicho, las noches aquí son verdaderamente oscuras.

René Arcos Leví

5 ene 2014

Auto de los Reyes Magos

El camello se pinchó
con un cardo del camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar
fue a reportar,
más allá
del quinto pino...
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su "Longinos".

   ¡No llegamos
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
   son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido   .

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar
Melchor le dijo al oído
   Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
   ya cantaban pajarillos   
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
   No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero el camello, le quiero.
Le quiero    repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.

Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.
Gloria Fuertes

27 dic 2013

Estos versos

Estos versos, lector mío,
que a tu deleite consagro,
y sólo tienen de buenos
conocer yo que son malos,
ni disputártelos quiero,
ni quiero recomendarlos,
porque eso fuera querer
hacer de ellos mucho caso.

No agradecido te busco:
pues no debes, bien mirado,
estimar lo que yo nunca
juzgué que fuera a tus manos.
En tu libertad te pongo,
si quisieres censurarlos;
pues de que, al cabo, te estás
en ella, estoy muy al cabo.

No hay cosa más libre que
el entendimiento humano;
pues lo que Dios no violenta,
¿por qué yo he de violentarlo?

Di cuanto quisieres de ellos,
que, cuanto más inhumano
me los mordieres, entonces
me quedas más obligado,
pues le debes a mi musa
el más sazonado plato
(que es el murmurar), según
un adagio cortesano.

Y siempre te sirvo, pues,
o te agrado, o no te agrado:
si te agrado, te diviertes;
murmuras, si no te cuadro.

Bien pudiera yo decirte
por disculpa, que no ha dado
lugar para corregirlos
la priesa de los traslados;
que van de diversas letras,
y que algunos, de muchachos,
matan de suerte el sentido
que es cadáver el vocablo;

y que, cuando los he hecho,
ha sido en el corto espacio
que ferian al ocio las
precisiones de mi estado;
que tengo poca salud
y continuos embarazos,
tales, que aun diciendo esto,
llevo la pluma trotando.

Pero todo eso no sirve,
pues pensarás que me jacto
 
de que quizá fueran buenos
a haberlos hecho despacio;
y no quiero que tal creas,
sino sólo que es el darlos
a la luz, tan sólo por
obedecer un mandato.

Esto es, si gustas creerlo,
que sobre eso no me mato,
pues al cabo harás lo que
se te pusiere en los cascos.
Y adiós, que esto no es más de
darte la muestra del paño:
si no te agrada la pieza,
no desenvuelvas el fardo.

Sor Juana Inés de la Cruz

15 dic 2013

Coplas españolas de cantar y bailar

Yo he visto a un hombre vivir
con más de cien puñaladas
y luego lo vi morir
por una sola mirada.

En lo profundo del mar
suspiraba una ballena
y en los supiros decía:
"Quien tiene amor, tiene pena."

Quiero cantar ahora
que tengo ganas,
por si acaso me toca
llorar mañana.

27 nov 2013

Carta de un náufrago

Con el consentimiento de la nieve
caminaré despacio.


Alguien habrá que espere junto al fuego
y yo, que estaré ciega por el frío,
haré paradas breves,
sacudiré el paraguas y empezaré de nuevo.

El único secreto es no sentirse
inmensamente lleno de verdades.
No aceptar nunca las invitaciones
que la neblina
sugiere al anidar con sus disfraces
de paisaje feliz, de grandes sueños.

Alguien habrá que diga, se ha perdido,
alguien saldrá a buscarme,
y llevará el calor de una botella
donde podré mandarte este mensaje.

Ana Merino