Un rincón de la Casa de las Palabras

Un rincón de la Casa de las Palabras





5 ene 2014

Auto de los Reyes Magos

El camello se pinchó
con un cardo del camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar
fue a reportar,
más allá
del quinto pino...
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su "Longinos".

   ¡No llegamos
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
   son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido   .

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar
Melchor le dijo al oído
   Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
   ya cantaban pajarillos   
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
   No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero el camello, le quiero.
Le quiero    repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.

Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.
Gloria Fuertes

27 dic 2013

Estos versos

Estos versos, lector mío,
que a tu deleite consagro,
y sólo tienen de buenos
conocer yo que son malos,
ni disputártelos quiero,
ni quiero recomendarlos,
porque eso fuera querer
hacer de ellos mucho caso.

No agradecido te busco:
pues no debes, bien mirado,
estimar lo que yo nunca
juzgué que fuera a tus manos.
En tu libertad te pongo,
si quisieres censurarlos;
pues de que, al cabo, te estás
en ella, estoy muy al cabo.

No hay cosa más libre que
el entendimiento humano;
pues lo que Dios no violenta,
¿por qué yo he de violentarlo?

Di cuanto quisieres de ellos,
que, cuanto más inhumano
me los mordieres, entonces
me quedas más obligado,
pues le debes a mi musa
el más sazonado plato
(que es el murmurar), según
un adagio cortesano.

Y siempre te sirvo, pues,
o te agrado, o no te agrado:
si te agrado, te diviertes;
murmuras, si no te cuadro.

Bien pudiera yo decirte
por disculpa, que no ha dado
lugar para corregirlos
la priesa de los traslados;
que van de diversas letras,
y que algunos, de muchachos,
matan de suerte el sentido
que es cadáver el vocablo;

y que, cuando los he hecho,
ha sido en el corto espacio
que ferian al ocio las
precisiones de mi estado;
que tengo poca salud
y continuos embarazos,
tales, que aun diciendo esto,
llevo la pluma trotando.

Pero todo eso no sirve,
pues pensarás que me jacto
 
de que quizá fueran buenos
a haberlos hecho despacio;
y no quiero que tal creas,
sino sólo que es el darlos
a la luz, tan sólo por
obedecer un mandato.

Esto es, si gustas creerlo,
que sobre eso no me mato,
pues al cabo harás lo que
se te pusiere en los cascos.
Y adiós, que esto no es más de
darte la muestra del paño:
si no te agrada la pieza,
no desenvuelvas el fardo.

Sor Juana Inés de la Cruz

15 dic 2013

Coplas españolas de cantar y bailar

Yo he visto a un hombre vivir
con más de cien puñaladas
y luego lo vi morir
por una sola mirada.

En lo profundo del mar
suspiraba una ballena
y en los supiros decía:
"Quien tiene amor, tiene pena."

Quiero cantar ahora
que tengo ganas,
por si acaso me toca
llorar mañana.

27 nov 2013

Carta de un náufrago

Con el consentimiento de la nieve
caminaré despacio.


Alguien habrá que espere junto al fuego
y yo, que estaré ciega por el frío,
haré paradas breves,
sacudiré el paraguas y empezaré de nuevo.

El único secreto es no sentirse
inmensamente lleno de verdades.
No aceptar nunca las invitaciones
que la neblina
sugiere al anidar con sus disfraces
de paisaje feliz, de grandes sueños.

Alguien habrá que diga, se ha perdido,
alguien saldrá a buscarme,
y llevará el calor de una botella
donde podré mandarte este mensaje.

Ana Merino
 

1 nov 2013

Vendrá de noche

Vendrá de noche cuando todo duerma,
vendrá de noche cuando el alma enferma
           se emboce en vida,
vendrá de noche con su paso quedo,
vendrá de noche y posará su dedo
           sobre la herida.
Vendrá de noche y su fugaz vislumbre
volverá lumbre la fatal quejumbre;
           vendrá de noche
con su rosario, soltará las perlas
del negro sol que da ceguera verlas,
           ¡todo un derroche!
Vendrá de noche, noche nuestra madre,
cuando a lo lejos el recuerdo ladre
           perdido agüero;
vendrá de noche; apagará su paso
mortal ladrido y dejará al ocaso
           largo agujero...
¿Vendrá una noche recojida y vasta?
¿Vendrá una noche maternal y casta
           de luna llena?
Vendrá viniendo con venir eterno;
vendrá una noche del postrer invierno...
           noche serena...
Vendrá como se fue, como se ha ido
   suena a lo lejos el fatal ladrido   ,
           vendrá a la cita;
será de noche mas que sea aurora,
vendrá a su hora, cuando el aire llora,
           llora y medita...
Vendrá de noche, en una noche clara,
noche de luna que al dolor ampara,
           noche desnuda,
vendrá... venir es porvenir... pasado
que pasa y queda y que se queda al lado
           y nunca muda....
Vendrá de noche, cuando el tiempo aguarda,
cuando la tarde en las tinieblas tarda
           y espera al día,
vendrá de noche, en una noche pura,
cuando del sol la sangre se depura,
           del mediodía.
Noche ha de hacerse en cuanto venga y llegue,
y el corazón rendido se le entregue,
           noche serena,
de noche ha de venir... ¿él, ella o ello?
De noche ha de sellar su negro sello,
           noche sin pena.
Vendrá la noche, la que da la vida,
y en que la noche al fin el alma olvida,
           traerá la cura;
vendrá la noche que lo cubre todo
y espeja al cielo en el luciente lodo
           que lo depura.
Vendrá de noche, sí, vendrá de noche,
su negro sello servirá de broche
           que cierra el alma;
vendrá de noche sin hacer ruido,
se apagará a lo lejos el ladrido,
           vendrá la calma...
           vendrá la noche...
Miguel de Unamuno

8 oct 2013

Cansancio

Está cansada ya de gritar mi laringe,
interrogando a cada mundo del firmamento;
está cansado ya mi pobre pensamiento
de proponer enigmas a la inmutable Esfinge...

¡A qué pensar, a qué lanzar nuestro reproche
a lo Desconocido!
                                      ¡Comamos y bebamos!
Quizá es preferible que nunca comprendamos
el enorme secreto que palpita en la noche.

Amado Nervo

14 sept 2013

El Chef

Durante tres años vivió debajo del Manhattan Bridge, en una covacha al borde del terraplén sobre el río, y solía pasar buena parte de sus noches mirando por un ventanuco la telaraña de luces del vasto y ruidoso puente tendido sobre el East River, los faros de los automóviles que iban y venían. Cuando estaba decaído o perezoso, se alimentaba con los desperdicios de comida que encontraba en los basureros de los restaurantes de Chinatown y Little Italy, por donde deambulaba por las tardes y al amanecer. Cuando se sentía más emprendedor, atrapaba mirlos o una especie de codorniz que a veces, durante el invierno, venían a refugiarse en los parques de la ciudad. Los mirlos eran fáciles de atrapar, con cebo de miga de pan y cuerda de pescar. También los cazaba con una cerbatana de aluminio, que él mismo fabricó con los restos de una antena de televisión, armada de dardos hechos con agujas hipodérmicas, las que solía cargar con pequeñas dosis de veneno o sedantes obtenidos en los vertederos del Beth Israel o el Bellevue, los grandes hospitales. Las codornices requerían más paciencia e ingenio. Para ellas construía trampas con cajas de plástico, elásticos usados y varillas de madera o de metal. Sea como fuere, si tenía un poco de suerte, volvía a su covacha bajo el puente con sus presas y hacía una pequeña fogata para cocinar.

Le llamaban el Chef porque sabía preparar varias salsas, y era enormemente popular por los pequeños banquetes que celebraba. Entre sus visitantes se encontraban las chicas vagabundas más atractivas, y uno que otro chico, dispuestos a todo por un buen manjar.

Celoso porque su compañera iba a cenar con el Chef muy a menudo, un malhumorado vagabundo a quien llamaban Kentucky Matt, le partió el cráneo al Chef con un madero una mañana mientras dormía. (Dormía cobijado con cartones, porque era pleno invierno, y parece que, para ahogar los ruidos del tránsito del puente, se había acostado con su walkman y escuchaba, cuando fue muerto, una fuga de Bach.)

La chica denunció el crimen, pero Kentucky Matt no fue capturado. Huyó de la ciudad    dicen     como polizón en un vagón de ferrocarril.

Rodrigo Rey Rosa, Ningún lugar sagrado